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    Enfermedad cardiovascular y grasas: "amigo o villano"

    Endocrinología y Nutrición 2002;49(5): 145-167

    RUBIO MA

    Endocrinología y Nutrición 2002;49(5): 145-167

    Tipo artículo: Revisión

    Resumen del Autor: Los ácidos grasos y el colesterol de la dieta son los principales determinantes de las enfermedades cardiovasculares. En los últimos 25 años hemos cambiado nuestro patrón alimentario tradicional hacia una dieta con mayor contenido total de grasa, pero de peor calidad nutricional, lo que repercutirá negativamente en el futuro sobre nuestro estado de salud. En esta revisión se repasa los conocimientos actuales que se tienen acerca de los diferentes ácidos grasos y del colesterol de la dieta sobre el riesgo cardiovascular. La diferente acción hipercolesterolemiante y trombogénica de los ácidos grasos saturados ha recobrado interés por la irrupción en el mercado de alimentos elaborados con aceites tropicales (coco, palma, palmiste) muy ricos en grasas saturadas. Algo parecido ha sucedido con el empleo de aceites parcial o totalmente hidrogenados en la elaboración de numerosos alimentos preparados (repostería, panadería, cereales de desayuno, cremas de untar, aperitivos, congelados precocinados, etc.), que se ofertan ante la demanda creciente del consumidor por este tipo de productos. La hidrogenación de las grasas genera la formación de ácidos grasos trans, cuya acción sobre el metabolismo de los lípidos es más perjudicial que la grasa saturada: no sólo incrementa las concentraciones del colesterol ligado a las lipoproteínas de baja densidad (cLDL), sino que disminuye las de alta densidad (cHDL), aumenta las concentraciones de triglicéridos, fibrinógeno y de la lipoproteína (a). En el otro lado de la balanza todavía existe un consumo elevado de grasas insaturadas, en especial de ácidos grasos monoinsaturados procedentes del aceite de oliva. Además de su conocida acción neutral sobre el metabolismo lipídico, es probable que gran parte de sus efectos beneficiosos residan en los componentes minoritarios del aceite de oliva (compuestos fenólicos) cuyos efectos beneficiosos sobre el desarrollo de la arteriosclerosis van más allá que su notable acción antioxidante. Entre la grasa poliinsaturada, el consumo de ácidos grasos ω-3, procedente del pescado o de los alimentos con elevado contenido en α-linolénico (nueces, aceite de soja, lino o borraja), su acción principal guarda relación con la capacidad antiarrítmica responsable de la disminución de los episodios de muerte súbita. (Sic)

    Notas:

     

    Palabras clave: Aceite de oliva, Ácidos grasos, Ácidos grasos omega-3, Colesterol, Enfermedades cardiovasculares

    ID MEDES: 3642



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