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    Temperatura del baño y tolerancia a la hemodiálisis

    Nefrología 2006;26(4): 461-468

    TERUEL JL, MARTINS J, MERINO JL, FERNÁNDEZ LUCAS M, RIVERA M, MARCÉN R, QUEREDA C, ORTUÑO J

    Nefrología 2006;26(4): 461-468

    Tipo artículo: Artículo

    Resumen del Autor: En el presente trabajo estudiamos la repercusión de la temperatura del baño sobre la estabilidad hemodinámica en la hemodiálisis actual. También analizamos su influencia en la percepción del enfermo de la calidad de la diálisis valorada a través de un índice de valoración subjetiva de la sintomatología en hemodiálisis (ISHD), y en el síndrome de fatiga postdiálisis valorado mediante un índice de sintomatología posthemodiálisis (ISpostHD) y el tiempo de recuperación del mismo (TRpostHD). Hemos incluido a 31 enfermos clínicamente estables (13 varones y 18 mujeres) cuyo único criterio de selección fue que se dializaban en turno de mañana. El estudio ha sido realizado en dos semanas: en la primera semana los enfermos se dializaron con su temperatura de baño habitual (37 °C) y en la segunda semana se bajó la temperatura del baño a 35,5 ºC. Al reducir la temperatura del baño hemos objetivado un aumento de la tensión arterial postdiálisis (122 ± 24 vs 126 ± 27 mmHg, p < 0,05) y una disminución de la frecuencia cardíaca postdiálisis (82 ± 13 vs 78 ± 9 latidos/min, p < 0,05), con la misma tasa de ultrafiltración. También disminuyó el ISHD (0,7 ± 0,9 vs 0,4 ± 1, p < 0,05), el ISpostHD (1,3 ± 1 vs 1 ± 0,9, p < 0,05) y el TRpostHD (5,4 ± 6,3 vs 3,1 ± 3,3 horas, p < 0,05). El beneficio clínico obtenido con una temperatura baja de baño no fue universal, sino que fue exclusivo de los enfermos que mostraron una peor tolerancia clínica con la temperatura habitual de baño o que tuvieron más de un episodio de hipotensión a la semana. En los restantes enfermos no se observó ninguna mejoría, incluso empeoró el ISHD. Al finalizar la segunda semana del estudio se les preguntó a los enfermos qué temperatura de baño preferían: siete enfermos (23%) mostraron preferencia por la temperatura de 37 ºC, diecinueve enfermos (61%) por la temperatura de 35,5 ºC, y a los 5 enfermos restantes (16%) les resultaba indiferente. A los enfermos de los dos últimos grupos se les continuó dializando con temperatura baja de baño durante 4 semanas. Dos enfermos solicitaron volver a la temperatura de baño de 37 ºC; en los 22 enfermos restantes persistió la mejoría clínica tras cinco semanas de diálisis con temperatura baja. Podemos concluir que la temperatura del baño sigue ejerciendo una influencia relevante en la tolerancia de la hemodiálisis. La reducción de la temperatura disminuye tanto la sintomatología durante la sesión de hemodiálisis como el síndrome de fatiga postdiálisis. La mejoría no es universal y por tanto no se trata de una medida para aplicar de forma generalizada. La hemodiálisis con temperatura baja está especialmente indicada en los enfermos con mala tolerancia a la temperatura habitual de 37 ºC.

    Notas:

     

    Palabras clave:

    ID MEDES: 28717



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